Ayer, al alba y con viento de levante... bueno, más bien empezamos a subir a las 10 y el viento no sé si era de levante o de otro sitio, aunque había bastante, pero a que quedaba poética la entrada...
El caso es que ayer mi vecino Rafa y yo hicimos la subida al Veleta, o la casi subida porque no alcanzamos cima, aunque no fue por falta de ganas. Salimos en el coche sobre las nueve y poco, tras un ligero desayuno, y calculamos que sobre las diez echamos a andar ya en la bici desde el aparcamiento que hay antes de la barrera que impide la subida a vehículos de motor. Nada más llegar vimos que el tiempo arriba era regular, pero no por las nubes, que aunque había no eran demasiadas ni hacían presagiar lluvia, sino por el viento. En el aparcamiento no hacía un viento excesivo, pero sí que de cuando en cuando venían rachas, y ya se sabe que cuando uno va cogiendo altura el viento suele aumentar, y más cuando estás acercándote al techo de un país, porque cada vez hay menos montañas que te protejan de los azotes del aire.
Iniciamos la subida con ganas pero con tranquilidad, sabiendo que nos quedaban muchos metros de desnivel que salvar, y que la altura hace la subida más dura, por la falta de oxígeno.
Pasamos la Virgen de las Nieves, hicimos un pequeño alto para que yo aliviase la cantimplora interior y continuamos la marcha. Cuanto más avanzábamos más fuerte era el viento y más difícil se hacía avanzar con él en contra o de costado. De hecho el viento tiró a un ciclista de un grupo que iba justo delante nuestra, y a nosotros nos hacía tener que inclinarnos muchísimo hacia un lado para no salirnos de la carretera cuando nos pegaba fuerte.
Continuamos la subida en esas condiciones, protegidos por tres capas de ropa arriba, braga calada hasta el casco, culotte largos... y sin guantes. Manda huevos que se nos olvidaran a los dos.
La temperatura iba descendiendo y la sensación térmica por el viento acentuaba el frío que sentíamos al enfriarse el sudor que generábamos cuando nos daba el sol y no nos pegaba el viento. Así, con las manos frías y el cuerpo también fuimos ascendiendo y haciendo de cuando en cuando una parada técnica, un par para recuperar un poco el resuello y rehidratarnos, otra más para comer y una a mitad de subida para rectificar la postura de mi sillín, que debí haber cambiado por otro más cómodo que uso en otra bici, porque el que llevé era asesino. De hecho cuando llegué a casa y me quité la ropa para ducharme descubrí por restos de sangre que me había hecho pequeñas heridas.
Después de dos horas y media de dar pedales cuesta arriba y cada vez con más frío y más expuestos a las rachas de viento cuya fuerza iba en aumento, nuestras fuerzas iban menguando y las subidas picaban más y más. Es curiosa la sensación cuando estás por encima de los 3000 metros de altura, respiras a buen ritmo, pero estás un poco adormecido y las piernas no responden como responden abajo.
Las últimas rampas antes de llegar al camino eran largas y completamente de cara al viento, y un par de veces vi que a Rafa le costaba seguir el ritmo, y tampoco es que yo estuviese para tirar cohetes, así que debatimos sobre si descansar un poco y seguir subiendo o darnos la vuelta a la altura del camino de Capileira. Finalmente decidimos lo último, así que paramos en la entrada del camino, echamos un vistazo alrededor, nos hicimos una foto que colgaré cuando Rafa me la pase y pudimos comprobar que si te paras tan arriba más de dos minutos, el frío y el viento te convierten en primo hermano de Pingu.
Edito, Damián me ha mandado las distancias correctas sacadas por satélite (gracias apañao!). Ahora sí que me cuadran y estoy seguro de que cuando yo lo calculé ayer coloqué mal el punto de llegada. La ruta completa desde la barrera hasta el pico son 11,5 km por donde fuimos, y hasta el camino son 9,7 km.
Ahora sí que sé que sé qué!!
De nuevo pero ya en el descenso el viento hacía la marcha peligrosa y en ocasiones temías que te sacara de la carretera, así que lo hicimos con tranquilidad.
Veinticinco minutos más tarde y con las manos medio congeladas y doloridas cargamos las bicis en el maletero del coche, nos sentamos dentro y ¡puff, qué calorcito tan agradable después de tres horas pasando frío!.
Concluyendo, la ruta ha estado bien, hemos visto que de forma si bien no andamos para tirar cohetes, tampoco estamos tan lastimosamente mal, y además nos quedamos con ganas de llegar arriba, así que igual si el tiempo lo permite, pronto intentamos de nuevo la ascensión. ¿Se animará alguien más esta vez?.
PD: menudo dolor de cabeza nos dio a Rafa y a mi al llegar. Debió ser consecuencia de los cambios de presión o del viento arreándonos en los oídos, o de todo un poco.
PD2: Damián, luego te mando las coordenadas del bocata que te guardé debajo de una piedra. La hojaldrina que llevaba me la comí por el camino así que te tendrás que llevar tú el postre. ;)


















